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No, no es lo que parece. Contra lo que, escaldado, teme el civilizado lector, a este título no sigue otra ristra de injurias, otra serie de vulgaridades, otra acumulación de ordinarieces. Es una estupenda réplica de una estupenda película, "Testigo de cargo", de Willi Wilder. En ella, Charles Laughton, ese maravilloso actor-y director, ahí está "La noche del cazador"-hace de abogado defensor de Tyrone Power, casado nada menos que con la esfinge Marlene Dietrich. En un descanso del juicio su enfermera-Elsa Lanchaster, espléndida secundaria, su mujer en lo que los periodistas llaman la vida real-le dice que tiene que tomarse una medicina: "Nauseabunda perspectiva", contesta el maestro. Y se la toma.
Eso nos va a suceder a algunos ciudadanos con las elecciones de marzo . Su desenlace, sea el que sea, pondrá todo peor. Intentaré justificar lo dicho, y que me perdonen aquellos lectores desengañados que, habiendo llegado ellos mismos a esa conclusión, no necesitan que nadie vierta limón en sus heridas.
Veamos los resultados posibles; se entiende, los plausibles. Hay acuerdo en que nadie tendrá mayoría absoluta; aun los que dicen que el PSOE reduce su porcentaje en las encuestas para motivar a sus votantes, o quienes creen que los del PP ocultan su voto, no llegan a tanto.
En cualquier caso, ambas mayorías absolutas dan escalofríos. Imaginemos que el PSOE, gracias a sus gracias con la Z o a la "limpia mirada azul" de Zapatero, o lo que sea, lo logra: si después de lo que han hecho en estos años, de los tratos con ETA, con los episodios de de Juana Chaos y Otegui, el vodevil todavía en curso del estatuto de Cataluña, el deterioro monstruoso de la Justicia, una política internacional de chiste(con González no lo era) y una prosperidad(innegable) basada en tal magnitud en la corrupción y el destrozo de las costas, consiguen la mayoría absoluta, !qué no habrá que aguantar a los triunfadores!
Menos probable aún parece la del PP. Pero si así fuese, tras una oposición (no) llevada por un líder que no lo es, que alterna ambigüedades galaicas pasables con demostraciones de energía postiza en el peor momento-la "traición a las víctimas" que dijo en el Parlamento, por citar una sola-, con los inefables Acebes y Zaplana en todas partes, las manifestaciones de la mano de los obispos tocados con gorrilla blanca, la presencia ominosa de Aznar en la sombra y de Jiménez Losantos y Pedro J. a la luz del día, las campañas para el juicio del 11-M, la manipulación de algunas víctimas, con qué furia no entrarían a saco los interesados en un aparato del estado que se les escapó cuando parecía seguro.
Vengamos a lo que hoy parece más probable, la victoria del PSOE con mayoría no lejos de la absoluta, digamos, con la de ahora más o menos. La situación sería la misma, aunque no del todo. Porque la victoria corroboraría que el electorado no castigaba al PSOE por sus actuaciones y además todo sugiere que pactar, sobre todo con los nacionalistas, para formar mayoría no sería esta vez más difícil. Hasta resultaría más fácil, visto como se ha indispuesto el PP con todos ellos. Pero también más caro, carísimo, porque los nacionalistas, crecidos en estos años y en situación más favorable, pedirían mucho más.
Toca ahora imaginar la victoria del PP sin mayoría absoluta, cabe pensar que con el PSOE a poca distancia. Ahí sería ella, a donde iba a llegar la subasta, lo que hiciera falta. No es nada seguro que el PP consiguiera formar gobierno, pero de hacerlo estaría en una posición dificilísima. Y si, en estas condiciones, lo formara el PSOE, se repetiría una situación no muy diferente de la actual, pero aún más tensa.
Estos casos son, se diría, los probables, puede que los únicos posibles. El lector aficionado puede añadir el ejercicio de que además un partido gane en votos y otro en escaños. Y en cualquiera de ellos habrá que tomarse la medicina, como Charles Laughton.
Bueno, no exactamente. El votante civilizado no está obligado a tragar la medicina(puede votar en blanco). Pero si vota habrá de hacerlo por el PSOE, y ante esa nauseabunda perspectiva habrá de contener la náusea(sentido del gusto), como aconsejan, incansables, los amigos. También puede hacerlo tapándose la nariz(olfato), mirando a otro lado(vista), quemándose los dedos(tacto), o tapando sus orejas para no escuchar la voz de la conciencia(oído).
Así hubieran terminado estas líneas hace un tiempo. Hoy, afortunadamente, es posible obviar el trámite: no ofenderemos la inteligencia del lector diciendo cómo. Con alegría, o al menos alivio, no sólo para quienes llevamos veinte años votando en blanco, sino también para los que invocando uno o varios de los cinco sentidos( y más que hubiera) se tragaban la pócima.
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