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TRESCIENTOS TRES MIL QUINIENTOS TREINTA Y CINCO.

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Rosa Díez

12 de marzo de 2008

Trescientos tres mil quinientos treinta y cinco ciudadanos de toda España decidieron a lo largo del día nueve de marzo del año 2008 depositar su confianza en las candidaturas de un partido político nuevo cuyo nombre les resultaba, en muchos de los casos, incluso desconocido. Nos llegan cantidad de testimonios de cómo han tenido que buscar los ciudadanos nuestra papeleta, de cómo nuestros trescientos tres mil largos votantes se han tenido que currar la decisión de apoyarnos. Sirva como ejemplo ésta crónica:

LA RAZON

«¿Vas de paseo o a votar?»

La masiva afluencia a los colegios electorales sorprendió a los votantes ? Muchos ciudadanos fueron incapaces de identificar la papeleta del partido de Rosa Díez ? El asesinato de Isaías Carrasco moviliza a algunos indecisos

Otra cosa es la experiencia que vivieron los que querían encontrar la papeleta de UPyD, el partido de la ex socialista Rosa Díez que, visto el desconcierto reinante, debería de haber bautizado a su formación como «El partido de Rosa». «Al final voy a terminar votando al PSOE, ya lo verás... Es que... ¡No conozco el logotipo, ni me acuerdo de cómo se llama el partido!», comentaba un hombre de mediana edad al que el mensaje de la ex socialista le ha calado, pero las siglas con que se presenta, no.

«¡Ahí están!»
Sucedió más de una vez, y más de dos, hasta que un interventor socialista, ante la marabunta de desconcertados, las señaló: «¡Ahí están, entre las del PP y las nuestras!». La frase sonó casi a profecía, cuando no a temor, ante la posibilidad de que les arañase algún voto que doliese igual que si fuese un zarpazo.

La verdad es que los ciudadanos han logrado el milagro que ninguno de los representantes del establishment estaban dispuestos a permitir que ocurriera. Como dijimos desde el principio, el éxito de nuestra propuesta política dependía única y exclusivamente de que fuera cierto nuestro pálpito: la gente necesitaba, quería, una nueva fuerza política que tuviera el valor de decir la verdad. Y las urnas han demostrado que así es, que hemos nacido para responder a una demanda creciente de ciudadanos que no están dispuestos a conformarse, que quieren ser protagonistas, que no se sienten de ningún frente, que exigen ser tratados con respeto, que están dispuestos a participar y a lograr que las cosas cambien.

Más de trescientos mil ciudadanos, personas con nombre y apellidos, con su vida, con su familia, con sus amigos… han decidido otorgarnos su confianza. Son conciudadanos nuestros que tienen sus sueños, sus esperanzas, sus ilusiones; que cada día se levantan para ir a trabajar, a estudiar… Que llevan a sus niños al colegio, que salen de paseo al parque, que van al taller, a la oficina, al hospital, a su instituto… Más de trescientos mil de nuestros conciudadanos nos han convertido en su cara, en su voz, en sus ojos. Nos han hecho sus interlocutores, sus representantes, sus mediadores ente ellos y los poderosos, entre ellos y los que deciden sobre el futuro de su país, sobre el futuro de sus hijos, sobre su propio futuro. Nos han encargado que les representemos, que sigamos teniendo el valor de decir la verdad. Que argumentemos, que defendamos la causa justa, que defendamos lo que nos une, que rompamos la dinámica de los frentes, que tengamos ambición de país.

Más de trescientos mil de nuestros conciudadanos se declararon el pasado domingo del bando de los optimistas. De ese bando que no separa, sino que une. De ese bando que no es frente, sino unión. Del bando de los que no se resignan, de los que creen en los milagros, en esa cualidad que Hannah Arendt describía como lo esencial del hombre: atreverse a iniciar lo improbable, lo inalcanzable… Para hacer posible lo que es necesario.

Esto no ha hecho sino empezar. Recibo muestras de alegría de toda España. Todos los compañeros que han trabajado en Burgos, en Salamanca, en Baleares, en Albacete, en Sevilla, en Melilla, en Barcelona, en Madrid, en Guadalajara, en Murcia, en Alicante, en Asturias, en Galicia, en Navarra, en el País Vasco, en Cantabria, en Canarias…todos me recuerdan que estamos en el principio del cambio, en el principio de la regeneración democrática. Todos me recuerdan que hay que empezar a pensar en las municipales, en las europeas, en las autonómicas…que la base ya está puesta, que hemos hecho lo más difícil de hacer: nacer. Un compañero me mandaba un mail de felicitación y hacía el símil: “hemos parido un niño con la mili hecha”… Pues sí, así es: hemos hecho la mili; y hemos sacado buena nota. Pero ahora hay que seguir trabajando para ganar los galones por mérito y no por antigüedad.

Amigos míos, gracias a todos los que habéis trabajado sin denuedo para conseguir que estas ideas de libertad, igualdad y regeneración democrática llegaran a la gente. Gracias también a los que nos negaron el apoyo; a los que enredaron; a los que restaron; a los que nos negaron nuestro derecho a existir. Su comportamiento antidemocrático, en el sentido estricto del término, nos ha hecho más fuertes. Y nos ha ayudado a hacer de la necesidad virtud.

Gracias a los trescientos tres mil quinientos treinta y cinco que nos han encargado la tarea de representarles. Mi padre me enseñó, cuando no había democracia en España, que era muy importante obtener el derecho a elegir; pero que lo que era verdaderamente importante era asumir la responsabilidad de ser elegido. Asumimos esa tarea con plena consciencia de nuestra responsabilidad. Sabemos que nos debemos a los ciudadanos, que frente a ellos hemos de responder. Y no lo olvidaremos nunca.

Este partido nuestro tiene en este momento alrededor de seis mil afiliados; y algunos miles más de simpatizantes. A través de ellos hemos conseguido llegar a la sociedad española en un momento político en el que el bipartidismo, además de imperfecto, parece obligatorio. Soledad Gallego Rey describía ayer desde El País lo que hemos hecho como una “proeza”; claro que después afirmaba que “esto” no duraría… Algunos confunden deseos con realidad. Son los mismos que creen que los ciudadanos nacen ya predeterminados, sin capacidad para desechar lo que les ha defraudado.

Nosotros, por el contrario, sabíamos que lo que estamos haciendo es necesario y también posible. Lo sabemos porque somos optimistas, porque confiamos en la gente, porque creemos en el libre albedrío, porque creemos que la democracia no consiste en votar, sino en elegir. Ya sé que hay quien cree que todo está bien como está, todo bien repartidito entre dos. Hoy ya hay quien especula sobre los resultados “si no se hubiera presentado UPyD”. Y los otros que reconociendo que nuestro escaño lo ha perdido el PSOE, se empeñan en buscar los votos en “los barrios ricos…” Vaya, que ya no es a quien “le quitamos los votos”, --tabarra de toda la campaña—sino la identificación del barrio en el que viven nuestros votantes, para saber si son de una “izquierda” suficientemente “homologable” —gran pregunta que demuestra la calidad democrática de quien la hace—; o, en el colmo del complejo; que hubiera ocurrido si no le damos a la gente la oportunidad de elegir. A veces pienso que si pudieran prohibirían la aparición de nuevas fuerzas políticas y decretarían el bipartidismo obligatorio. Claro, si sólo se presenta uno o si sólo votan donde a cada cual le parece que tiene asegurada la mayoría, pues mejor que mejor; y si no hay elecciones, ni te cuento…¡Qué tropa, señor!

Pues para romper con esta forma de hacer política hemos nacido: Y eso es lo que vamos a hacer. Como dijimos en la noche electoral, si Leónidas hizo en las Termópilas lo que hizo con sólo trescientos…¡¡qué no seremos capaces de hacer con trescientos tres mil quinientos treinta y cinco…!!

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